Una tradición que sabe a verano
Hay encuentros que, con los años, se convierten en mucho más que una cena: en tradición, amistad y recuerdos compartidos.
Así es nuestra merienda-cena del Parque de la Yedra, una cita estival que esperamos cada año con ilusión (y con algo de estrategia logística digna de campeonato).
En 18 de julio de 2026 volvimos a reunirnos en el parque. Cada persona llevó un plato para compartir, porque aquí nadie llega con las manos vacías ni se queda sin disfrutar… ni sin probar “un poquito de todo”, aunque luego digamos que estamos a dieta.
Organizamos las mesas y llenamos el espacio de comida, sabores y colores. Hubo gran variedad de platos, bebidas para todos y un delicioso pastel que puso el toque dulce final. Vamos, que si aquello no era un banquete, se le parecía bastante.
Pero lo mejor no fue la comida, sino el encuentro: conversar, reír y compartir momentos que dan sentido a la asociación (y descubrir que siempre hay alguien que trae el mejor postre sin avisar).
Hasta que llegó la hora crítica…
¡Las doce de la noche!
Y con ella, los aspersores, que parecen tener mejor puntualidad que muchos de nosotros.
En cinco minutos recogimos todo: mesas, sillas y platos. Una coreografía improvisada entre risas, carreras y algún “¡coge eso que moja!”.
Misión cumplida. (Nivel experto desbloqueado: “huida del aspersor sin bajas”).
Salimos a tiempo, satisfechos y con la alegría de haber disfrutado una vez más de nuestra tradición.
Porque esta cena no es solo una cena: es una cita que nos une y que queremos seguir manteniendo viva.
Y, por supuesto, el próximo verano volveremos.
Aunque habrá que estar atentos… !a las doce, empieza la carrera!

